Las Hermanas, hijas de Sta. Teresa de Jesús, se ofrecen a Dios como eximio sacrificio de alabanza a la Trinidad en su vida de oración, silencio, trabajo e inmolación por la Iglesia, por los sacerdotes, y llevan en su corazón los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de la humanidad presente, especialmente de los pobres y de los que sufren, presentándolas a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo.