Dedicamos varias horas del día a la Liturgia, o sea al rezo de las Horas Canónicas, así como la celebración diaria de la Eucaristía. Además de la intensa vida de oración que llevamos, nuestra jornada exige trabajo, estudio, descanso y momentos de compartir fraterno.
Dada la belleza natural del lugar disfrutamos también de espacio físico para caminar, jugar y trabajar al aire libre. Todo esto responde a los deseos de nuestra Madre Santa Teresa de Jesús de Avila, nos pide que en bien de la clausura, nuestros Monasterios tengan "huerta grande y lindas vistas".